Antes, los niveles de los depósitos se monitorizaban manualmente. Si bien este método era factible en algunas ocasiones, a menudo carecía de consistencia; los errores y los retrasos eran frecuentes. La falta de recogida de los lodos o su programación inexacta provocaban regularmente fallos en el proceso de espesamiento y reducían la eficiencia de la planta. El resultado: más paradas de la producción, más intervenciones reactivas y menor previsibilidad.
En la actualidad, Anglian Water utiliza unos modernos sensores de nivel radar, principalmente los VEGAPULS Air 41 y Air 42, para monitorizar con precisión los niveles en sus embalses de retención de lodos. Estos sensores se montan sobre los embalses y requieren una infraestructura adicional mínima. Con alcances de 1 a 5 metros, proporcionan unos datos de medición fiables y precisos incluso en condiciones exteriores complejas. Están diseñados específicamente para soportar los entornos, a menudo adversos y expuestos, de estas ubicaciones remotas, en las que las fluctuaciones de temperatura y las temperaturas de proceso ligeramente elevadas forman parte del día a día.
El enfoque basado en el radar fue el más convincente por varias razones. Y lo más importante: la instalación fue rápida y sin complicaciones, con una mínima preparación. Otro punto igual de decisivo fue la alta fiabilidad de los sensores, que proporcionan unos datos precisos y de alta calidad incluso en las condiciones más adversas.
Sin embargo, la mayor ventaja es la capacidad de enviar los valores medidos directamente a una plataforma central en la nube. Esto proporciona a los equipos información en tiempo real y visualizaciones claras, accesibles desde cualquier lugar, lo que les permite responder con mayor rapidez e información.
En zonas en las que se necesita una certificación ATEX, el VEGAPULS Air 42 ha demostrado ser el sensor idóneo. Ambos modelos se instalan actualmente en soportes sobre los depósitos y superan de forma fiable los desafíos de las ubicaciones al aire libre remotas. Estas ubicaciones, en las que la cobertura móvil estable y la infraestructura local suelen ser insuficientes, son precisamente donde los sensores han demostrado ser excepcionalmente robustos y fiables.